La historia de ARAN: Comunidad de Aprendizaje en los Ambos Nogales

Es el sueño de muchos de nosotros, como educadores ambientales, el ayudar a construir comunidades con sentido ambiental y espíritu participativo, comunidades que creen sus propias experiencias de aprendizaje, experiencias que les guíen hacia el poder en la toma de decisión y de acción. Pues bien, un grupo de personas en la región fronteriza de Sonora-Arizona se encuentra en el camino correcto para alcanzar ese sueño: La Asociación de Reforestación de Ambos Nogales, mejor conocida como ARAN.

ARAN es un esfuerzo conjunto de instituciones educativas, de gobierno y no gubernamentales, así como de la industria y de grupos de vecinos de Nogales, Sonora y Nogales, Arizona, dedicado a mejorar la calidad del aire y del medio ambiente en esta área metropolitana fronteriza, mediante el re-establecimiento de vegetación nativa. ARAN es también una comunidad de aprendizaje, un grupo de personas que aprenden las unas de la experiencia de las otras. Cada participante trae al grupo el valor único de su experiencia personal y se lleva a cambio nuevas experiencias, conocimiento y habilidades al término de cada reunión.



Pero ¿cómo se dio a la existencia un grupo como este? Todo inició hace tres años con la creación de un equipo binacional de investigadores formado por estudiantes del Buró de Investigación Aplicada en Antropología (BARA por sus siglas en inglés) de la Universidad de Arizona, y del Centro de Estudios Tecnológicos Industrial y de Servicios (CETis 128) en Nogales, Sonora. El equipo luego se expandió para incluir a miembros ONGs, gobierno, maquiladoras y colonias. Tenían la intención de desarrollar una evaluación inicial de los problemas ambientales en la región y de las posibles acciones a tomar para mejorar la calidad del aire y el medio ambiente en ambos Nogales. Se estudiaron tanto la parte física -el nivel y efectos de la erosión del suelo en relación con la calidad de aire- así como la parte social -el potencial de revegetación en la comunidad- de la problemática.

Los resultados de la evaluación mostraron que la revegetatión puede reducir erosión y mejorar la calidad del aire y el medio ambiente en general; desde la perspectiva social, el estudio mostró que la comunidad quería principalmente dos cosas: acción y educación. Estos resultados se convirtieron en las bases para la formación de ARAN.

A continuación, y con el apoyo de una pequeña beca del Consorcio para la Colaboración de la Educación Superior de Norteamérica (CONAHEC, por sus siglas en inglés), el grupo inició la implementación de proyectos pilotos que han incluido la experimentación ecológica con composta, recolección de semillas nativas, jardines de patio, y talleres para estudiantes y residentes. Estos proyectos se han desarrollado con la intención de producir acciones visibles, proveer de mecanismos para el involucramiento local e identificar retos y oportunidades en la comunidad.

La comunidad de aprendizaje que ARAN representa está cimentada en tres teorías pedagógicas importantes: Constructivismo, Andamiaje y Praxis. Detrás de ARAN se encuentra la filosofía educativa de Paulo Freire de educación liberadora como un proceso activo y democrático, donde no existe diferencia entre maestro y alumno -todos somos alumnos y maestros en nuestro turno. ARAN trabaja alrededor de los conceptos de la investigación basada en la comunidad, que se enfoca en desarrollar la capacidad de los grupos comunitarios para crear cambio, buscando siempre un balance entre la investigación y la acción, y fomentando la colaboración entre miembros de la comunidad e investigadores.

Hoy, ARAN enfoca sus esfuerzos en construir sociedades sostenibles a largo plazo, buscando ideas y metas comunes que les permitan avanzar en sus esfuerzos de mejorar la calidad del medio ambiente, para el bienestar de toda la comunidad. Estrategias clave para lograr esto incluyen crear experiencias educativas específicamente diseñadas para cumplir con las necesidades de la comunidad; incluir socios o participantes de sectores institucionales tales como ONGs, gobierno, maquiladoras y negocios que le den legitimidad, acceso y apoyo al grupo; buscar continuamente satisfacer las necesidades de todos los participantes, para con esto mantener el interés y la participación de todos los socios; manejar el crecimiento, aprendiendo a trabajar con poco o nada de presupuesto.

Para promover el aprendizaje continuo, los miembros de ARAN se reúnen cada mes para compartir ideas e información. Además de las reuniones semanales, ARAN realiza evaluaciones continuas, un retiro anual y dos conferencias al año, donde los participantes pueden compartir su trabajo y aprendizaje con otros miembros y con la comunidad en general. En sus reuniones se siente un aire de amistad, colaboración y apertura donde nuevos miembros se pueden sentir tan parte del grupo como quien ha estado ahí desde el principio. El esfuerzo de ARAN continua, a pasos firmes y seguros, y con un ritmo interno avivado continuamente por la energía de todos y cada uno de sus miembros.

Gracias a Diane Austin, del Buró de Investigación Aplicada en Antropología de la Universidad de Arizona, y a los miembros de ARAN por facilitarnos la información para este artículo. Para más información sobre ARAN, contacte a Diane Austin en daustin@u.arizona.edu


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